Noticias de la Comarca Lagunera

 
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Del algodón y sus historias II

Del algodón y sus historias II

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El periodista checo Egón Kisch en su paso por La Laguna en tiempos del reparto agrario, nos da su versión sobre la planta del algodón y su relación con “el árbol de los corderos”. Egón Kisch nos dice: “En Torreón, centro algodonero, todo gira alrededor del algodón. Lo mismo que en Alejandría. Con la diferencia de que en Alejandría los árabes no emplean la palabra arábiga al goton (algodón), sino el término inglés cotton, derivado de goton.

En alemán el algodón se llama baumwolle, que quiere decir, literalmente, lana de árbol. Esta palabra tiene su raíz en la creencia, difundida hasta el siglo XVIII, de que el algodón era la lana de unos corderos escitas que se criaban en los árboles. Algunos viajeros europeos aseguraban haberlos visto con sus propios ojos en los campos de Rusia. Lo que en realidad habían visto, eran crías de carneros. Los campesinos avergonzados de arrancar al vientre materno las crías antes de nacer, engañaban a los extranjeros diciéndoles que aquellos carneros pequeñitos (los baranetz) crecían en los árboles, como frutos de éstos. En realidad, la piel rizosa de aquellos corderitos no se destinaban a hilarse y tejerse, sino a convertirse en gorros o en guarniciones de las capas de los cosacos.” (Egon Erwin Kisch, Bosquejo económico sobre Torreón, en Descubrimientos de México, Vol. II, pág. 75, Colección Ideas, Edit. Offset, 1988)

El algodón es una planta noble de orígenes espaciales y temporales inciertos, que es producido por una serie de árboles y arbustos de la familia de las Malváceas. Su fibra posee la cualidad de poderse trenzar en hilos, ser resistente, absorbente y de fácil lavado y teñido, lo que lo hace atractivo para la industria textil. 

También puede utilizarse la cascara de la semilla del algodón como alimento forrajero para el ganado; la harina se usa como alimento para la ganadería y como fertilizante agrícola, además, el aceite que se extrae de la semilla puede ser utilizado para elaborar jabones, cosméticos, margarinas, y glicerina.

Saúl Rosales nos habla de la introducción y expansión algodonera en La Laguna, tanto por sus condiciones climáticas, geográficas y sociales, así como por la confluencia de dos ríos. Saúl nos dice: “La tierra anegada, fecundada por los ríos Nazas y Aguanaval, con su desgarramiento, paría no solo el algodón germinal de una nueva época rústica caracterizada por el monocultivo, sino también el que originaría el nacimiento consecutivo de núcleos urbanos que, como la superficie cultivada con el algodonero, crecerían aceleradamente. Torreón sería el polo poblacional más vigoroso de ellos, o más bien, el que monopolizaría el brío de los habitantes de la comarca y de la inmigración estacional que solo venía al empleo de temporada” ”. (Saúl Rosales,  “Brevísima crónica del algodón de La Laguna (1492-1992)”, págs. 25-26, Serie Testimonios de Coahuila, Gobierno del Estado de Coahuila, 1992, Saltillo Coahuila).

El estadounidense de Saint Louis, Missouri, John Brittingham, hombre emprendedor, investigó las propiedades del algodón e instaló con éxito en La Laguna una gran planta productora de jabones. Mr. Brittingham observó que las plantas despepitadoras separaban de la fibra las capsulas del algodón, ya que la semilla obstaculizaba el proceso del hilado, desechando miles de toneladas de ésta.

Egon Kisch nos cuenta: “Pero llego míster Brittingham  y ofreció 15 pesos por tonelada del inútil y peligroso desecho. El negocio era ventajoso para los plantadores algodoneros de Torreón, y sobre todo para míster Brittingham. En Estados Unidos habría tenido que pagar solamente por la semilla del algodón, o sea por la materia prima, doce veces más de lo que en México le costaba el jabón ya elaborado”. (Ibíd., pág. 78)

Los derivados del algodón pronto atrajeron a otros negociantes extranjeros a La Laguna, como es el caso de los inversionistas franceses de La Societé Centrale de Dynamite, que pronto obtuvieron el monopolio de la dinamita en México. 

Ellos instalaron su fábrica cerca de Torreón, en el poblado hoy conocido como Dinamita. Egon Kisch nos señala: “¿Por qué cerca de Torreón, precisamente? Porque Torreón era, en primer lugar, el centro algodonero y, en segundo lugar, la sede de la industria del jabón. Del aceite extraído de la semilla del algodón, no solo se obtiene el ácido butírico para el jabón, sino también la glicerina para la nitroglicerina. Para convertirse en dinamita transportable, la nitroglicerina necesita mezclarse con un producto adicional, que es a su vez algodón bajo cierta forma, el cual, combinado con el salitre y el ácido sulfúrico, da la piroxilina.” (Ibídem, pág. 79). 

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